Seminario sobre incertidumbre radical: cómo decidir cuando el futuro no puede calcularse

Publicado el 7 de septiembre de 2026

Incertidumbre Radical

El sábado 6 de junio del 2026 se celebró en el campus de la UFM en Madrid un seminario de discusión socrática, organizado por el Instituto Juan de Mariana, sobre Incertidumbre radical: el arte de tomar decisiones ante un futuro incierto, de John Kay, economista y emeritus research fellow en St John’s College, University of Oxford, y Mervyn King, economista y exgobernador del Banco de Inglaterra entre el 2003 y el 2013. En el encuentro participaron quince personas para diseccionar las ideas centrales de un ensayo que cuestiona la pretensión moderna de convertir todo futuro incierto en un riesgo calculable.

¿Qué es la incertidumbre radical?

La tesis de Kay y King es que muchas decisiones relevantes no se parecen al lanzamiento de una moneda ni a una serie estadística estable. En política, economía, inversión o empresa, a menudo no se conocen todos los escenarios posibles ni se les pueden asignar probabilidades creíbles. Eso es la incertidumbre radical: no un riesgo difícil de medir, sino una situación en la que el futuro no puede modelizarse con precisión.

¿Por qué fallan los modelos que prometen predecir el futuro?

El punto de partida del seminario fue una crítica a la falsa seguridad que ofrecen los modelos, las probabilidades inventadas y las hojas de cálculo cuando se aplican a problemas únicos. Las decisiones sobre economía, política o inversiones no son un riesgo calculable, sino que pertenecen al terreno de lo irrepetible y lo imprevisible.

King ha insistido en esa misma idea: los datos importan, pero no bastan. La experiencia y la información histórica ayudan, pero las decisiones importantes exigen criterio, juicio práctico y capacidad para detectar lo singular de cada caso. El error de muchos economistas consiste en presentar su oficio como una disciplina capaz de predecir el futuro, cuando su verdadera utilidad debería estar en comprender mejor el presente y sus restricciones.

¿Cómo se decide cuando no se puede calcular?

La respuesta de Incertidumbre radical no es abandonar la razón, sino abandonar la ilusión de control. En lugar de forzar números donde no hay base para calcularlos, Kay y King proponen pensar con narrativas robustas, escenarios alternativos y estrategias flexibles. La buena decisión no es la que presume de precisión, sino la que resiste mejor cuando el entorno cambia.

Por eso, en el seminario se planteó la incertidumbre radical como un problema práctico: cómo decide un inversor, un empresario, un médico, un gobernante o una familia cuando no hay una distribución de probabilidades fiable. La resiliencia, la diversificación de opciones y la humildad intelectual son más útiles que una predicción aparentemente exacta pero construida sobre supuestos frágiles.

El seminario se desarrolló en cuatro sesiones: incertidumbre y probabilidad; cálculos versus narrativas; la economía de la incertidumbre; y asumir la incertidumbre. Cada sesión incluía una presentación inicial de diez a quince minutos y una discusión abierta entre los participantes.

El valor de Incertidumbre radical está en recordar que la racionalidad no consiste en fingir que conocemos el futuro, sino en actuar con prudencia cuando no lo conocemos. La tesis del seminario es clara: ante un futuro incierto, decidir bien exige menos culto al modelo, más juicio humano y una arquitectura de decisiones capaz de adaptarse a lo imprevisible.