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24
Abr
¿Por qué no hay mascarillas? Artículo de opinión por Eva Nordenstedt.

¿Por qué no hay mascarillas?

 

Mascarillas Eva NordenstedtLa falta de abastecimiento de mascarillas y otros EPI puede deberse, por lo que se ha leído, oído y visto en las últimas semanas, a diferentes causas: ausencia de aprovisionamiento preventivo; ineficiencia de la centralización de las compras; escasez de la oferta (local o del exterior) y entorpecimiento de ésta por la falta de seguridad jurídica que supone los requisamientos e impagos… A todo ello se suma (dicen) una circunstancia más: las mascarillas importadas tienen un arancel en aduana del 6,5%.

¿Por qué no hay mascarillas?

Posiblemente por cualquiera de las anteriores razones, o por todas ellas. Sin embargo, el arancel sobre las mascarillas no debería afectar a la oferta. ¿Habría que quitar aranceles? Sí, desde luego, ahora y siempre. Pero la falta de mascarillas no se debe en esta ocasión a los aranceles, ni siquiera al aumento oportunista del precio. No es una demanda elástica. No es que sean caras. Es que no hay mascarillas. ¿Por qué?

Se ha dicho que el gobierno debería hacer muchas cosas, o mejor, hacer las cosas bien, para variar. Totalmente de acuerdo. Pero se ha dicho que además debería quitar los aranceles. Pero es que no puede. La competencia sobre éstos es exclusivamente de la Unión Europea. Hoy la Comisión ha emitido una Decisión -(UE) 2020/49- que concede hasta el 31 de julio “una franquicia de derechos de importación y una exención del IVA respecto de la importación de las mercancías necesarias para combatir los efectos del brote de COVID-19”. ¿Qué significa esto?

Pues es una exención del gravamen para casos de necesidad (y en principio para mercancías no procesadas). Tiene varias limitaciones: han de ser distribuidas gratuitamente y los compradores han de ser organismos públicos u organizaciones tipo ONG previamente inscritas en un listado. Lo mismo aplica a la exención de IVA. En otras palabras: no sirve para lo que compramos en las farmacias.

De momento, aún estamos sin mascarillas.

Lo que también ha hecho la Unión Europea, el pasado 14 de marzo mediante reglamento, fue imponer una licencia de exportación a determinados productos sanitarios de factura europea. El propósito es que la producción interior de la UE de productos sanitarios y especialmente EPI (muy concentrada en algunos países) cubra en la medida de lo posible la demanda interna de la UE.

Pero seguimos sin mascarillas.

Por otra parte, como existe confinamiento en muchos países de la UE, el reglamento de la Comisión del 30 de marzo simplifica los trámites de control sanitario para la circulación de mercancías, habida cuenta de las disfunciones que producía, en cuanto a la agilidad del tránsito, la imposibilidad de inspección física.

Ya teníamos alimentos. Lo que no tenemos son mascarillas.

Aparte de eso, la Comisión ha redactado un buen número de comunicaciones, cuya tónica general es impulsar el abastecimiento, dentro de la Unión, de mercancías, concretamente EPI, así como paliar los efectos de la crisis financiera.

Algunas de las comunicaciones de la Comisión más significativas en este sentido han sido las que animan a la creación de “carriles verdes”, vías de tránsito rápido de mercancías por carretera dentro de la UE, en las que se minimizan los requisitos burocráticos y se eliminan las ineficiencias que normalmente retrasan el transporte, a fin de asegurar el abastecimiento de mercancías de primera necesidad.

También, por recomendación del 13 de marzo, la Comisión instó a buscar alternativas para la circulación en la UE del equipamiento médico en caso de que no cuente con el marcado CE, animando a que se equiparen a éste las recomendaciones de la OMS en materia de garantías de producto. Adicionalmente, el Parlamento Europeo y el Consejo han propuesto el 3 de abril retrasar la entrada en vigor del reglamente que preveía una serie de procedimientos de evaluación para EPI con efecto desde el próximo 26 de mayo (Reglamento (UE) 2017/745).

Las comunicaciones de la Comisión Europea son guías que expresan sus principios en una determinada línea de actuación, no siendo por tanto vinculantes sino, en todo caso, a efectos interpretativos de la normativa que emana de la propia Comisión. Las recomendaciones, por lo demás, son eso, recomendaciones.

Para algunos el límite de la libertad está en los casos de catástrofe. En estos casos, sería de esperar que las instituciones públicas (también las supranacionales) hicieran algo. No sólo declaraciones de intenciones. Y que ese algo fuera útil, preferiblemente.

Estamos a 3 de abril, sin mascarillas.

 

 

 

 

Eva Nordenstedt

Colaboradora UFM Campus Madrid

Madrid, 3 de abril de 2020.

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