Noticias



11
Jun
2020
COVID-19: La gestión de crisis en España

Con el transcurso del tiempo vemos con asiduidad cómo se utilizan expresiones que ya existían, y otras nuevas que contienen la palabra «crisis», la encontramos continuamente en los diferentes medios de comunicación y tal vez con demasiada frecuencia. 

Con la llegada a España del Coronavirus o COVID 19, hemos oído hasta la saciedad la palabra “crisis” para definir este episodio de nuestra historia, y “gestión de la crisis” para hacer llegar a la ciudadanía la manera en que se hacía frente a esta pandemia.

Es pertinente preguntarse qué caracteriza a una crisis para poder entender si su gestión es eficiente y se adecúa a los medios utilizados para hacerla frente.

Vemos que los elementos comunes a cualquier crisis serían:

— Existencia de un riesgo, con diferentes orígenes, entre ellos el sanitario.

— Incertidumbre, que existirá acerca del lugar y el tiempo del desarrollo de un riesgo que podría terminar en una crisis.

— Intensidad, el volumen de intensidad con la que se van a desarrollar estos riesgos podrían ser variables.

 — Urgencia, es otro factor que debe llevar implícitos unos procedimientos ágiles.

— Sorpresa, la existencia de riesgos con origen indeterminado, que son difíciles de predecir.

— Presión, una presión que tiene impacto en la capacidad de reacción.

Una crisis no tiene porqué plantear una amenaza seria a la vida humana, pero de algún modo debe desafiar el sentido de conveniencia, tradición, valores, seguridad o protección del público o bien la integridad de la nación para considerarse como tal.

La crisis que en este momento padece España por el COVID-19 es una “crisis sanitaria” que ha puesto al límite nuestros servicios sanitarios.

Alerta y urgencia son condiciones imperativas pero no suficientes para hablar de crisis sanitaria, pues estas crisis precisan la percepción del riesgo de infección colectiva y de la incertidumbre en el manejo del riesgo individual. Estas dos percepciones son las que le dan fuerza, las que llevan aparejado el temor e incluso pánico en la población, y las que generan la movilización de todos los recursos del sistema sanitario.

Visto lo anterior, parece que el término «gestión de crisis» pueda ser una contradicción. Al fin y al cabo, una crisis lo es en gran parte porque surge de ninguna parte y desafía nuestro orden.

¿Puede de verdad gestionarse una crisis?  Sí, siempre y cuando demos como válidos tres preceptos fundamentales:

— Las crisis no se pueden evitar.

—  Las crisis deben planearse, deben estar preparados de antemano determinados procedimientos de gestión.

— La gestión de crisis es un plan integrado con la responsabilidad de todos los componentes del gobierno de una nación.

Las crisis se pueden gestionar. Es reseñable que muchos gobiernos no sólo han sobrevivido a las crisis, sino que han conseguido mejorar sus imágenes públicas.

A veces en las situaciones de crisis, es inevitable cambiar las reglas y emplear unos procedimientos más cortos y activar un “centro de crisis”.

Un centro de crisis tiene varias funciones: recogida de información, análisis, toma de decisiones, coordinación, difusión de la información, registro y evaluación.

La información pública es muy importante, siempre se debe establecer un centro de información junto a un centro de crisis, iniciada una crisis los medios de comunicación están ávidos de noticias que si no reciben de fuentes adecuadas hará que puedan ser infundadas, tendenciosas o falsas. Si no se actúa ordenadamente, la población es presa de fake news y especulaciones, que influyen negativamente en el desarrollo de la crisis.

En España, el Gobierno dispone del “Sistema de Conducción de Crisis”, cuyos trabajos se desarrollaron a partir de la Directiva de Defensa Nacional 1/86, y que fructificaron en la creación de la Comisión Delegada del Gobierno para Situaciones de Crisis (CDGSC).

Con todos estos puntos y vista la gestión de la crisis del COVID-19 en España, podemos sacar algunas conclusiones no muy favorecedoras para nuestros políticos. Ellos son los que legítimamente han de tomar decisiones, pero hemos visto una gestión de crisis poco transparente y mal explicada, que ha perdido la confianza de la población, los pacientes y los profesionales sanitarios. Hemos visto una gestión centrada en el cortoplacismo y el impacto electoral.

Decíamos que la situación de crisis para el político es de extrema importancia, pues puede hacer caer gobiernos, este gobierno lo ha tomado al pie de la letra y ha tratado por todos los medios de vender a la sociedad una gestión óptima que no cuadraba en absoluto con la realidad, véase la cifra de mortalidad.

La extensión de la crisis está llevando al gobierno a dar respuestas descoordinadas e insólitas, con intervenciones contradictorias que demuestran falta de coherencia. La continua referencia a un Comité Científico y a técnicos especializados, parece más un intento de descarga de responsabilidades que de búsqueda de soluciones reales y acertadas.

Esta pandemia es un reto del que debemos extraer lecciones, debemos aprender a poner a punto los dispositivos y perfeccionar la respuesta ante otras próximas, inevitables crisis.

La gestión de esta crisis en España es francamente mejorable desde todos los puntos de vista posibles.

 

Luisa B. Hernandez

Profesora de Historia en UFM Madrid

Madrid, 11 de junio 2020

Suscríbete a nuestro boletín